AÑOS, MESES, HORAS Y SEGUNDOS, EN EL INFIERNO

(Relatos de infiernos, mientras no hago nada)
A lo lejos de las dimensiones…perdidos entre los llantos de mares…se mueren las hormigas y se ahogan los dragones…ha muerto la reina, ha muerto de hemorragia.
 I.- -Y bien- Pregunto aquel señor, vestido de un traje entre negro y azul, con un cigarro en la mano, sentado a lado de una ventana. Porta un pequeño gafete que dice: Doctor Trebus.
 -¿Qué?, realmente no se que estoy haciendo aquí- Exclamó Seulement, con apariencia desgastada, cabello largo y negro, sus ojos eran demasiado negros y tenia ojeras, parece que no había dormido en días. Tenia unos jeans negros, una playera blanca con un logo de un triangulo rojo. Unos tenis azules y portaba un collar con varias figuritas, las uñas descoloradas de azul. Traía su sweater tomado de la mano.
-Sabe, yo se que estoy enferma, así que, realmente no tengo nada que hacer aquí, no quiero estar aquí, ¿para qué?- exclamo Seulement.
 El Doctor Trebus, apaga su cigarrillo con el pie, toma su libreta y empieza a escribir.
 -Para que pronto puedas irte de aquí, ¿para qué más podrías estar aquí?- La chica toma asiento en un diván rojo, al parecer antiguo, era muy grande como para recostarse por un largo tiempo, al lado del diván se encuentran unos cigarros en una mesita de madera junto con una jarra de agua. Ella al tomar asiento, empieza a ponerse el sweater, asienta su mirada en la cajetilla de cigarros, como si quisiera uno, pero después, la ignora, prefiere tomar la jarra de agua, se sirve en un vaso de vidrio y empieza a observarlo.
 -Podría ser, para poder simplemente distraerse- exclama ella mientras observa el vaso lleno de agua.
-¿Distraerse?- comenta el Doctor Trebus. Seulement, deja el vaso en una mesa y empieza a esculcar los libros y decoraciones del lugar.
 -Si, para que usted pueda distraerse, mientras observa por la ventana y piense en todo lo que podría hacer sino estuviera aquí- exclama Seulement, ella empieza a hojear un libro, “Todo sobre Grecia”: -Este libro, se ve muy interesante, ¿podría prestármelo?- Seulement toma el libro y lo estrecha sobre su pecho mirando hacia la ventana. El Doctor Trebus, simplemente le quita el libro, lo deja en su lugar, le pide a Seulement que se siente y empiece a contarle sobre los días que no había ido a las citas.
 -Sabe, nunca me gustó Aristóteles- exclamaba Seulement mientras jugueteaba con su cabello -¿y no me preguntará por qué no me gusta Aristóteles?- Seulement esperaba a que el Doctor le respondiera, pero no lo hacia, así que siguió hablando.
 – Extraño tener un celular, claro, nunca lo usaba, pero era bueno saber la hora y empezar a ver los días en el calendario que tenía, además, mi celular es viejo, para qué lo quiero conmigo. En fin, sabe, como le dije, yo se que estoy enferma, no quiero charlar con usted de eso, no tiene caso, ni para usted, ni para mi. Todo esto, de que escriba y escriba, es una perdida de tiempo, qué escribe, “Seulement, no ha dicho nada de lo que le pregunte, Seulement, no quiere cooperar”, eso dijo la vez pasada y sabe que, seguirá siendo así, a ver quién sale ganando – ella cruza los pies y exclama de una manera retadora: – o perdiendo –
 El Doctor Trebus, deja su libreta sobre la mesa que tiene a lado de su sillón, mira a la ventana, se para, empieza a jugar con su barba, observa su gafete y sigue mirando a la ventana.
 – Seulement, tus padres vendrán en un par de días a verte, no creo que te guste verlos tristes cuando vean que aun no mejoras. La señorita Lucy, me comento que no has comido, que hicieron de todo para que comieras, además, no quieres sociabilizar con nadie, casi amenazas a una de tus compañeras de cuarto, exigiéndole que no te hablara.
 Seulement, se quita el sweater, bebe otro vaso de agua da manera pasiva y empieza a decir en voz suave: – Ella quiere ser mi amiga, es obvio que debo exigirle que me deje en paz, para eso estoy aquí, bueno, la verdad no, me trajeron aquí a la fuerza, yo estaba feliz donde estaba-
-¿ Qué no recuerdas cómo te encontraron Seulement?- exclamo el Doctor Trebus mientras se servía un vaso con agua, – Uno de tus amigos te encontró en tu departamento, sin alimentos, sola, sin electricidad, con muchas velas, hablando sola, en un muy mal estado y no diré lo demás porque, para mi es incomprensible todavía-
 Seulement, se paro del diván, se acerco a la ventana y le dijo: – No, yo no quería tener tanta luz, para qué, eso atraía a la gente, ¿alimentos?, solo era lo necesario, lo que yo comería, ¿acaso quería ver a una obesa, con kilos y kilos de comida en el refrigerador?, no señor, claro que no, yo estaba hablando conmigo misma, ¿nunca lo ha echo usted?, ¿hablar con usted mismo?, se sorprendería mucho al escucharse. No duermo porque tengo miedo soñar no me gusta soñar, a veces son lindos y perfectos, que me dan tantas ganas de quedarme en mis sueños. Pero otras veces, son raros, terribles, horribles, que no quisiera ya soñar Por eso odio dormir, porque no me gusta soñar-, tarareaba Seulement mientras se tallaba los ojos y remojaba los labios con agua.
 Tin tin tin, sonó un reloj que tenia en el librero, el Doctor Trebus cierra la ventana, asienta la cabeza hacia abajo y se sienta en el sofá.
La joven mira a la ventana y exclama – Yo no creo que las terapias funcionen en la vida, yo no creo que hablar con usted funcione, de igual forma, no creo que mi vida este mal, alejarme de todos es la mejor opción para mi, mi deseo de estar tranquila, para que agobiarme de tantas decisiones a tomar, “que si debo escoger una carrera, que si debo escoger una casa cómoda, que si debo escoger un trabajo excelente, que si debo seguir creyendo o no en el amor, que si debo estar rodeada de gente, que si, que no, que qué se yo. Nada ni nadie me obligó a hacer lo que hago y ser lo que soy. Sabe, por eso odio a Aristóteles, quién se cree en decirme del por qué del nombre y lo que es la belleza, ¿quién se creen todos esos filósofos?, solo bebían vino y no diré otras cosas, porque no es mi obligación. Que este bien Doctor Trebus, sabe que siempre será la misma jugarreta-.
Entran unos tipos de blanco y le colocan una camisa de fuerza al Doctor Trebus, lo sujetan bien con la camisa, el Doctor Trebus mira hacia la ventana, mira a Seulement. -¿Qué es un ser humano sin corazón y sin sentido?- exclama ella, mientras se pone de nuevo el sweter, -es un hombre sumamente feliz-, responde. Se llevan al Doctor Trebus mientras Seulement toma la pequeña libreta y la hojea, la coloca de nuevo en su lugar y toma el libro “Todo sobre Grecia”, lo observa, sonríe, abre la ventana y tira el libro. Ella se desvanece poco a poco. Hay un tipo sentado en una banca, en un parque un poco grande, casi no hay nadie, al parecer empieza a amanecer, el tipo reacciona, se ha dado cuenta, que ha soñado de nuevo, se levanta y camina hacia “no se donde”.

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